que sumergen de mi blanca espalda,
como huellas persistentes
de un mal porvenir.
Envasando al vacío
errores de una conciencia insana,
son los tupper inservibles
de unos postres sin digerir.
Ya he pasado la crucifixión
y horas de un sentido incierto,ahora toca la resurrección
aplacar un fuego inmerso.
Que llegó a quemar las brasas
de este fatídico edén.
Que aplacó esperanzas ante
un cuerpo expectante de arder.
Impregnados los recuerdos
surge un sentimiento explicito,
la agonía de un lo siento
que no tuvo peso, ni fin.
Introduce los cristales
que rocen mi corazón vampírico,
maldiciones de un gurú
que se harto de verme feliz.
Ya he pasado la crucifixión
y horas de apuntalar muñecas,
hoy los clavos rozan el talón,
se abre un rayo entre la niebla.
Corre aprisa se parte la cruz,
creo que aparecen grietas,
huye lejos cierra aquel baúl,
de perdones y de enmiendas.
Cubre de ungüentos y de sueños
cada parte que vuelva a doler.
De un perpetuo remordimiento
De un perpetuo remordimiento
surge un aliento y vuelvo a nacer.
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